La domótica ya no es patrimonio exclusivo de la obra nueva: hoy es posible integrar KNX en una reforma sin grandes derribos ni presupuestos desorbitados. Con una planificación inteligente, aprovechando el cableado existente y apostando por soluciones escalables, la automatización mejora confort, eficiencia y control desde el primer momento, permitiendo que viviendas antiguas den el salto al hogar inteligente con mínimo impacto y máximo valor.
La digitalización del hogar ya no es exclusiva de la obra nueva. Cada vez más reformas —desde pequeños apartamentos hasta viviendas unifamiliares— incorporan automatización para mejorar confort, eficiencia y capacidad de gestión. Sin embargo, existe un mito persistente: “para instalar domótica hay que rehacer toda la casa”. En realidad, con una planificación correcta, es posible introducir tecnología KNX en una reforma sin derribos innecesarios y sin disparar el presupuesto.
La clave está en entender cómo combinar el cableado existente con la infraestructura necesaria para que KNX conviva, complemente o sustituya al sistema previo. La mayoría de las viviendas antiguas presentan limitaciones típicas: cuadros eléctricos reducidos, circuitos compartidos, canalizaciones estrechas y ausencia de previsión para datos. Pero estos retos pueden convertirse en oportunidades si se diseña el proyecto desde una lógica de fases: actuar primero donde tiene más impacto y escalar después según necesidad y presupuesto.
Un error habitual es pensar que la única forma de introducir domótica es cablearlo todo desde cero. En realidad, muchos proyectos de reforma se apoyan en módulos compactos, actuadores multifunción y elementos que permiten agrupar varias funciones sin ocupar espacios adicionales. Una estrategia frecuente consiste en centralizar el control en el cuadro —luz, persianas, clima, escenas básicas— y utilizar pulsadores o pantallas en pared que aprovechen las canalizaciones existentes. Esto minimiza obra y reduce el tiempo de intervención.
Otro punto clave es la convivencia con sistemas que ya están instalados. En viviendas con climatización por conductos, calderas antiguas, splits o radiadores, la automatización puede integrarse mediante módulos de interfaz, contactos libres de potencial o actuadores universales que permiten comunicar dispositivos heterogéneos con la lógica KNX. Esta compatibilidad evita sustituciones costosas y permite que la vivienda evolucione sin perder lo que ya funciona.
Las reformas inteligentes se plantean además como un proceso escalable. No es necesario automatizar todo desde el primer día. Muchos estudios de arquitectura optan por una fase inicial centrada en iluminación y sombreamiento —las áreas donde el usuario nota el cambio de forma inmediata— y dejan preparada la infraestructura para futuras ampliaciones: climatización, energía, seguridad o control audiovisual. Este enfoque por capas reduce la inversión inicial y permite que la vivienda crezca en función del uso real.
Otro aspecto que marca la diferencia es la capacidad de mantenimiento remoto. Los proyectos de reforma suelen implicar clientes que buscan soluciones “que no den problemas” y que puedan ajustarse sin visitas recurrentes del instalador. La posibilidad de conectarse a distancia, reprogramar escenas, actualizar parámetros o resolver incidencias sin desplazamiento cambia por completo la experiencia del usuario y del profesional. En este punto, empresas especializadas como Zennio ofrecen herramientas diseñadas específicamente para facilitar estas operaciones, reduciendo costes de mantenimiento y acelerando la puesta en marcha.
La introducción de KNX en viviendas existentes también abre oportunidades en términos de eficiencia energética. La monitorización eléctrica, la programación inteligente de cargas o el control coordinado de persianas y clima permiten reducir consumos sin modificar la estructura del edificio. En reformas donde no se puede intervenir en cerramientos o instalaciones profundas, la automatización se convierte en el elemento que compensa esas limitaciones.

Finalmente, la estética. Una reforma suele centrarse en la mejora del espacio, por lo que la tecnología debe integrarse sin invadir el diseño. Aquí, la evolución de la botonera y de los controles de pared ha sido clave: perfiles planos, mecanismos que se adaptan al entorno, opciones de personalización, pulsadores capacitivos que se fusionan con el diseño… elementos que sustituyen interruptores antiguos sin obras y que permiten al arquitecto mantener la coherencia visual del proyecto.
Convertir una vivienda antigua en un hogar inteligente sin derribos masivos es posible, práctico y rentable. Requiere diagnóstico, planificación y un criterio técnico claro. Pero también necesita aliados tecnológicos que aporten soluciones versátiles y apoyo especializado. Cuando estos elementos se alinean, la reforma deja de ser un simple lavado de cara y se convierte en una actualización profunda de la forma en que habitamos el espacio.
La domótica KNX no es solo para obra nueva: es una herramienta estratégica para que las viviendas existentes den el salto al confort contemporáneo, con el mínimo impacto constructivo y el máximo valor añadido.