Termografía Infrarroja. Una nueva herramienta de mejora de la competitividad industrial.

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Hoy en día, cuando la competitividad de la empresa es esencial para su supervivencia, se hace necesario trasladar esta obsesión a todos los ámbitos de la misma, incluida la actividad de mantenimiento en instalaciones y bienes de equipo.


Esta motivación por la competitividad está provocando un cambio paulatino de las estrategias de mantenimiento tradicionales, basadas en intervenciones periódicas con indisponibilidad de los equipos, a otras basadas en técnicas que no implican paro de la actividad, o a una combinación de ambas. La tendencia actual es la coexistencia de ambas estrategias de mantenimiento, ampliando los periodos entre indisponibilidades programadas para mantenimiento en función de la confianza y experiencia que la empresa deposita en las técnicas predictivas disponibles, entre ellas la detección infrarroja.

 

Esta técnica permite conocer, sin contacto físico, la distribución de temperaturas de un objeto mediante la medida de los niveles de radiación dentro del espectro infrarrojo, detectando así puntos calientes que puedan ser debidos, por ejemplo, a una conexión eléctrica deficiente, al deterioro de elementos mecánicos de fricción o a fugas de calor en determinados recintos.

 

Entre los sistemas de detección más avanzados cabe destacar la medición de la temperatura mediante las cámaras de termografía, las cuales proporcionan la imagen térmica de los objetos en el campo de visión de la cámara. La representación de dicha imagen térmica se realiza mediante colores, con una escala que permite conocer de forma cualitativa qué partes están a mayor temperatura que otras, con una interpretación muy intuitiva que permite observar directamente los puntos calientes de la instalación. Además se puede conocer también la temperatura de cada uno de los puntos.

 

En la actualidad la cámara de termografía, es un dispositivo de apariencia exterior muy similar al de una cámara de video, que posee en su interior un detector de radiación infrarroja, y cuya medida posteriormente es tratada por un software para determinar con precisión la temperatura a la que se encuentran los objetos que son enfocados por ella. En algunos casos dispone de una cámara auxiliar convencional, para poder obtener las imágenes reales del objeto que se está estudiando, de modo que se facilite la relación de la imagen térmica con la imagen real del objeto, con el objeto de mayor claridad en el tratamiento posterior de la imagen de temperaturas.

 

En las instalaciones eléctricas, por ejemplo, las tareas de mantenimiento son necesarias tanto para evitar situaciones de peligro para los usuarios de las mismas, como para prevención de averías que signifiquen pérdida del suministro eléctrico. Las técnicas comunes de diagnóstico que se han venido empleando incluyen la comprobación de la rigidez dieléctrica de aceites y aislantes sólidos, medida de la resistencia de aislamiento, medida de la resistencia de contacto en polos de interruptores y seccionadores, medida de la corriente de fugas en aislamientos, etc.

 

Dichas técnicas suponen en muchas ocasiones la necesidad de la parada de la instalación, el empleo de fuentes auxiliares, y en caso de medidas en tensión, comportan los riesgos correspondientes.

 

El empleo de cámaras termográficas puede paliar parte de estos inconvenientes. La temperatura de un punto de conexión eléctrica, entre un cable y un borne por ejemplo, puede experimentar un aumento de la temperatura, síntoma de una mala conexión, al aumentar la resistencia eléctrica como consecuencia de la existencia de un contacto defectuoso, bien por falta de presión en el contacto, bien por la suciedad y oxidación de las superficies de unión. Este aumento de temperatura es fácilmente detectable por comparación con la temperatura de otros bornes cercanos, tal como se muestra en las figuras siguientes.

 

 

De esta forma se pueden prevenir los accidentes ocasionados por el deterioro del material del la borne y/o el cable, que podrían acabar en cortocircuito e incluso incendio.

 

Además del ejemplo comentado, las aplicaciones son múltiples: detección de calentamiento anormal en protecciones (ver figura siguiente), deterioro de aislamiento, supervisión de temperatura de funcionamiento y sobrecargas, detección de trazado de conductores, embarrados, mantenimiento en alta tensión, etc.

 

 

En cuanto a equipos que disponen de elementos móviles, por ejemplo motores, la cámara termográfica es también de gran utilidad en la detección de temperaturas elevadas que puedan ser indicativos de desgaste o de una lubricación deficiente.

 

También es así en instalaciones en las que se quiere contrastar su aislamiento térmico, no solo en edificios, donde se perciben con claridad los puntos de máximas pérdidas de calor o frío, si no también en instalaciones térmicas calorifugadas u otros equipos, como la cámara climática de la siguiente figura, en la que se ponen de manifiesto las pérdidas en la puerta.

 

 

No obstante sus grandes ventajas, el principal inconveniente de las cámaras termográficas es el elevado coste de adquisición y la necesidad de una formación específica en su manejo, lo que lo convierte en muchas ocasiones en un elemento prohibitivo. Por ello, en muchas ocasiones, es un servicio que se subcontrata a entidades que disponen de estos medios y los ponen a disposición de las empresas que lo precisan.

 

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