Incluso si nuestro modo de vida se mantuviera igual que hace
40 o 50 años, las instalaciones eléctricas no se conservarían igual que en sus
orígenes sin realizar un mantenimiento de estas. La antigüedad degrada los
materiales, los de aislamiento se endurecen y se llegan a agrietar, las uniones
pueden aflojarse con el paso del tiempo e igualmente sucede con un sinfín de
problemas ocasionados por esa misma causa.
La consecuencia, según indica
el gerente de Apeme Andrés Gálvez, «es que la mayoría de instalaciones
eléctricas no están adecuadas a las necesidades actuales. Los edificios fueron
diseñados según las normas de su tiempo, y pensados para el uso de iluminación y
pequeñas aplicaciones. Estas instalaciones ahora no cumplen con normas actuales
ni con las reglas mas elementales de seguridad». Se puede realizar una división
de las viviendas según su antigüedad en tres grandes bloques: «anteriores a
1974, construidas entre 1975 y 1985 y posteriores a 1985». Las del primer grupo
se refiere a viviendas que se construyeron con criterios establecidos en 1955 y
por lo tanto «totalmente desfasadas ».
Las del segundo grupo tienen una
antigüedad de entre 20 y 30 años, «y los efectos del envejecimiento de las
instalaciones son más que evidentes, además de que se diseñaron y ejecutaron
pensando en un uso de la electricidad menos intensivo que el actual, por lo que
el proceso de envejecimiento se ha acelerado».
Por último nos encontramos
con las viviendas construidas después de 1985, «que son las que se hallan en
mejor estado, con materiales parecidos a los actuales y por lo tanto más
seguros». Es un hecho contrastado que los usuarios incrementan el número de
equipos receptores que hay instalados en sus viviendas sin considerar que éstos
suponen una mayor demanda de energía. «El incremento de esta demanda puede
producir sobrecargas en la instalación de la vivienda y la del edificio, causar
calentamientos excesivos de la instalación y en último término pueden llegar a
desembocar en incendios y otro tipo de siniestros». Es evidente que también la
influencia del tiempo, con el consiguiente envejecimiento de los materiales,
afecta de una manera notable a la fiabilidad de las instalaciones, y por
consiguiente a la seguridad de su funcionamiento. «Cualquier instalación
eléctrica en viviendas se debería revisar por lo menos cada diez años, o antes
cuando se detecte que se haya producido un aumento significativo de la potencia
instalada» señala Gálvez.
Grave riesgoLos propietarios y
usuarios de viviendas deberían ser conscientes del grave riesgo que corren al no
mantener un adecuado nivel de seguridad en las instalaciones eléctricas de sus
edificios. En este sentido, podrían derivarse graves riesgos personales para los
usuarios e incluso daños materiales de gran importancia.
«Los distintos
estudios realizados sobre el estado actual de las instalaciones eléctricas en
las viviendas de España revela que alrededor del 68% de las viviendas
inspeccionadas, especialmente las mas antiguas, dispone de cables con una
sección inadecuada, y un 35% cuenta con dos o menos circuitos eléctricos. Este
último grupo engloba, casi, los dos tercios de viviendas construidas con
anterioridad a 1975».
 Un buen mantenimiento eléctrico es lo mejor para prever el riesgo de
incendios.
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 Las instalaciones eléctricas han de ser revisadas al menos cada diez
años.
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Según el CEPREVEN, se
producen 7.300 incendios/año por causas eléctricas (20 incendios diarios) y esta
cifra aumenta a un ritmo del 7% anual.
Para el EHLASS (Sistema
Comunitario de Información de Accidentes Domésticos y de Tiempo Libre), se
estima que en España se producen anualmente 4.850 accidentes por descargas
eléctricas.
El numero de accidentados y hospitalizados por electrocución
asciende a 1.616.